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lunes, marzo 26

Alguna vez quise escribir un libro



La cama desarreglada, mi mujer en el baño, un televisor apagado, un espejo y mi reflejo en él.
En realidad no me reconocía, pero estaba seguro que era yo el que estaba acostado en la cama, desnudo.
Yo, ¿pero soy Yo?, ¡claro que soy Yo!, con mis cuarenta años, rodeado de grasa, deformado por más de 80 kilos de sobrepeso, convertido en una mole informe, en una bola de sebo, en un monstruo.
Me pregunto: ¿por qué a esa mujer que está en el baño se le ocurrirá hacer el amor con una cosa como yo?, ¿qué clase de masoquismo sufre?, ¿la excitan los fenómenos?, ¿morbosa quizás?. Nunca lo sabré por que no tengo los cojones para preguntarlo, nunca lo sabré por que prefiero quedarme con eso de: “te amo como seas”, “gordo te quiero igual”, “quisiera que adelgaces por tu salud pero la gordura no me importa”, y todas esas frases que alimentaron y engordaron mi clic mental que produjo este engendro que estoy viendo en el espejo.
No crean que le estoy echando la culpa a ella o a todas “ellas”, ni a mi mamá, que por un lado me decía “cuidate que estas engordando un poquito” y cuando perdía un kilo o rechazaba alguna de las ricas comidas que me hacía (ricas en grasa aclaremos) me decía: “¡¡¡tampoco así!!! ¡¡¡te vas a enfermar!!!!”.
No crean que culpo a mis amigos que cuando no se burlaban por mi exceso de peso me tentaban todo el tiempo con eso “¿una que te va hacer?” o “eso que comes es comida de enfermo” o “desde que estás haciendo dieta estas amargado loco aflojá un poco” o “te hice tu plato preferido, no me podes ofender, sentáte y comete un platito”. ¡¡¡¡¿¿¿POR QUE NO SE VAN TODOS A LA CONCHA DE SU MADRE???!!!. Hubiese querido decir.....hubiese querido, nunca lo hice, nunca.
Siempre fui “rellenito”, desde chico me dijeron “gordo”, hasta una profesora particular me puso ese mote y yo era: “gordo” nada más. Pero por aquellos años mozos no me jodía tanto, quizás tenía 10 o 15 kilos de más. Pero era lo suficientemente joven como para no tener que darle mucha bola. No le di bola. Punto.
A los 18 sentía el rechazo de más de una chica, uno lo nota, los gordos no gustamos (las gordas tampoco), de diez adolescentes a una le puede gustar un chico o una chica gordito/a.
Sucede que esta sociedad de mierda por un lado nos mete comida hasta por el culo, y por otro nos obliga a ser los más flacos y atléticos del planeta, con toda esa información confusa, si tus tiroides no laburan a un ritmo sostenido o si tenés alguna carga genética obesa, te convierte, en el corto plazo, en una bola de grasa. qué cosa ¿no?, qué pedazos de hijos de puta ¿no?.
De todas maneras, me molestara o no, en casa la gordura fue un tema excluyente, mi vieja gordita siempre con alguna dieta, entrando o saliendo de ella, con algún médico, homeópata o no, siempre bajando o subiendo.
Ya por esos años, 1978, los médicos te daban anfetaminas como si te recetaran genioles......y ahí empecé, bajaba 6 kilos, subía 7, bajaba 10 subía 14 y así por los kilos de los kilos, Amén.
Así las cosas me convertí en un "Yo Yo" de 110 kilos a los 23 años. Ya obsesivo con el peso, pero comiendo como un animal (siempre pensé que uno come como lo que es).
Cosas de la vida me hicieron recalar en el paraíso del verso de la perdida de peso, en la disneylandia de la obesidad y el exceso oral, en el imperio de los fármacos y del “llame Ya”, si señora, si señor en Los Estados Unidos de Norteamérica. ¿qué cagada no?
No pude tener mejor suerte. No solo estaba en la Meca de la obesidad, sino que trabajaba en Restaurantes!!!!. Todo el día comiendo. Me salvó (si es que se puede decir así) que caminaba mucho, era camarero, así que eran kilómetros y kilómetros por día. A pesar de eso ganaba peso semana a semana. Mes tras mes. Un desastre. continuará....