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domingo, noviembre 15

Vengo de hacer ejercicio. ¿y que ejercitaste? Mi Voluntad

                           Reconocer cuando tenemos de verdad apetito es un tarea que debemos desarrollar y practicar concienzudamente, de verdad, debemos detenernos a pensar, sin distracciones, si tenemos o no hambre, parece un dislate, pero no lo es, se los aseguro.


¿Nunca les pasó que, después de comer algo entre comidas, algo que encontraron en una heladera, una mesa, o en cualquier barra de un Café, no pueden
recordar por que comieron lo que comieron? ¿Por qué se metieron, masticaron y tragaron esa cosa”, ¿Qué los movilizó a hacerlo? Si en verdad no tenían apetito. ¿Por qué lo hicieron? “Acto Mecánico Involuntario” esta es mi teoría y quiero que lo tomen así y lo evaluemos juntos a ver si tiene algún sentido lo que digo.


                   Creo que es un “Acto Mecánico Involuntario” por que, como me pasa a mi, que soy fumador, enciendo un cigarrillo y muchas, pero muchas veces, no me doy cuenta que lo he hecho, un adicto a la comida, por costumbre, rutina, acto repetido, tic nervioso o lo que sea similar, los médicos ya lo evaluaran, (si lo hicieron no lo he leído en ningún lado) estiramos la mano y nos llevamos cualquier cosa, a lo que nos hemos acostumbrado a comer, a la boca. A mi me pasaba que me había acostumbrado a pedir un cortado (café expreso con un “toque” de leche) y siempre una medialuna (croissant), algunas veces dos, pero siempre, no importaba la hora, cada vez que pedía un café cortado me “disparaba”, por lo menos, una medialuna. Yo tomo unos 8 cortados por día, eso significaba diez medialunas mínimo, en calorías: 1750 aproximadamente. Un verdadero disparate. ¿Por qué lo hacía? Yo creo que es este “Acto Mecánico Involuntario”, que no intelectualizamos y que, en algún vericueto de mi obesa mente, me empujaba a las medialunas sin razonarlo. Sin entenderlo. Me puse a pensar como resolvía esta situación, que no solo pasaba con las medialunas, también con las albóndigas, milanesas, etc.

                        Entiéndanme bien, no es que pedía una albóndiga cada vez que pedía un “cortadito”, no, tan loco no estaba, era que seguía comiendo albóndigas o lo que fuere, sin tener hambre, sin desearlo siquiera, mecánicamente, sin el más mínimo sentido. Así que decidí hacer lo siguiente: Prestar atención, sin distraerme ni un ápice. Esa fue “mi solución” estar siempre atento.


                      Cada vez que pedía algo, recordaba que ya había desayunado, que no debía comer nada que contuviera tantas calorías, que debía esperar el almuerzo y que, además, no tenía apetito!!!, claro, les apuesto lo que quieran que las más de las veces, si prestan atención, se darán cuenta que están por comer algo que, ni lo desean, ni lo quieren, ni lo necesitan, es más, están satisfechos y sin hambre.

                El apetito, como toda sensación, tiene niveles, uno puede tener mucho o casi nada, pasando por todo el espectro. Cada vez que estén en una situación de estás, deténganse 120 sengundos, dos minutitos a pensar y evalúen cuantas ganas tienen de comer tal o cual cosa y cierren los ojos buscando en que grado están esas ganas. Créanme se sorprenderán. Debemos estar atentos, vigilantes, no distraernos jamás, por que ahí toma el mando el “obeso” que habita en nuestra cabeza y hace estragos. Debemos tomar el control de nuestras emociones y nuestra vida y solo lo lograremos si ponemos atención en nuestros actos, que todo aquel que hagamos sea voluntario.


Todos sabemos de la importancia de la fuerza de voluntad para formar el carácter. El asunto es ¿qué hacen, o qué hacemos, los que hemos nacido con menos voluntad? La voluntad crece con su ejercicio continuado y cuando se va entrenando en direcciones determinadas. Y eso sólo se logra venciendo en la lucha que, queramos o no, libramos día a día. Esta consolidación de la voluntad admite una sencilla comparación con la fortaleza física: unos tienen, por naturaleza, más fuerza de voluntad que otros; pero sobre todo influye la educación que se ha recibido y el entrenamiento que uno haga.


                         Una voluntad recia no se consigue de la noche a la mañana. Hay que seguir una "tabla" de ejercicios para fortalecer los músculos de la voluntad, haciendo ejercicios repetidos, y que supongan esfuerzo. ¿Una tabla? Sí, y si esos ejercicios no suponen esfuerzo son inútiles. Así que a esforzarnos todos los días, prestemos atención y fortalezcamos nuestra Voluntad. Los dejo, me voy a tomar mi quinto “cortadito” del día... –¡Camarero!.. un cortadito por favor… con un vaso de agua grande y ……. nada más, gracias!!



2 comentarios:

  1. Magnífico articulo de verdad, tienes toda la razon, la mayoria de las veces la sensacion de hambre que creemos tener no es más que culpa de nuestra mente...y debemos aprender a diferenciar esos tipos de hambre.
    Besitos ;D

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  2. Yo muchas veces he pensado eso mismo que tu cuentas, y todo consiste en ser fuertes, y ver esos croasanst como pequeños demoncitos que pretenden insertarse en nuestros michelines jejeje. Pero qué trabajito cuesta verdad?
    Un saludo.

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